
En los siguientes tres ejercicios, el Pontevedra alcanzaría las fases de ascenso a la categoría de plata, aunque no logró alcanzar el éxito. Valladolid, Salamanca, Santander u Osasuna, se cruzaron en su camino. Al menos quedó el consuelo de los dos títulos de campeón, los primeros de nuestra historia en Tercera División.
El Club entró posteriormente en una etapa gris. Fueron cinco años de más penas que gloria. Desilusión, refuerzos deportivos sin rendimiento y el primer déficit de la historia (250.000 pesetas del año 1950).
El repunte ofrecido en la campaña 1954-1955 resultó un espejismo. Segundo en la Liga, el Pontevedra disputó su cuarta fase de ascenso a Segunda. Tampoco hubo premio esta vez.
Al año siguiente, por culpa de una reestructuración, el equipo se vio obligado a jugar la promoción por la permanencia. Salvó el cuello, pero no evitó doce meses más tarde caer en la categoría regional.