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Nuestro club tiene más de 70 años de historia. Ha recorrido un largo camino que le ha llevado a saborear momentos dulces, alcanzar el éxito, sufrir penas y decepciones, instalarse en la mediocridad e incluso estar muy cerca de traspasar el umbral de la desaparición. Una vida intensa, como la de cualquier ser humano. Y no es una comparación gratuita, pues al fin y al cabo, el Pontevedra no deja de ser más que la expresión de una conciencia colectiva, la que forman, con lealtad, orgullo, amor y pasión, los miles de aficionados que durante más de siete décadas pusieron corazón y alma al servicio de los colores granates.

No obstante, a diferencia de los mortales, nuestra entidad puede pervivir en el tiempo gracias al empuje de las nuevas generaciones, las que tratan de llevarle otra vez a las más altas cotas del fútbol español, aquellas que aún pasean, con orgullo y añoranza, por la memoria de los seguidores más veteranos, los que tuvieron la fortuna de presenciar en vivo aquel épico ascenso a Segunda en León, y los posteriores años de dominio en la categoría de plata y de bravura y entrega en Primera División.

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Un equipo, el Pontevedra, que en la década de los sesenta fue reconocido a nivel nacional por su magnífico rendimiento en los terrenos de juego, hasta el punto de pasar a ser llamado el “Hai que roelo”. Un hueso para todos sus rivales, incluido aquel Real Madrid liderado por Di Stéfano que reinaba en Europa.

Aquí tenemos un breve resumen de la larga historia de nuestra entidad. Para aquellos que quieran conocerla o para quienes deseen recordarla. Y esta oportunidad de revivir el pasado se la debemos a Miguel Domínguez Vaz, pues casi todos los datos que están en nuestras manos proceden del libro que escribió este distinguido médico pontevedrés, aficionado de todo la vida y luchador en las trincheras granates durante su etapa como presidente, cargo que con anterioridad había ocupado su padre.

El fútbol llega a Pontevedra

Las tripulaciones de los barcos ingleses que arribaban a los puertos gallegos trajeron el fútbol a nuestras tierras. Finalizaba el siglo XIX y llegaba el XX con muchos cambios en la sociedad. Entre ellos la aparición de este deporte que acabó considerándose el rey por la gran repercusión que ha alcanzado a lo largo de todas estas décadas.

A orillas del Lérez, en el campo de A Xunqueira, jugó el primer equipo de nuestra ciudad, el Sporting, del que salieron jugadores de gran renombre, como Luis Otero, internacional y olímpico, o Eduardo Novoa, que posteriormente jugaría con el Real Madrid. El primero de continúa presente en los ambientes futbolísticos, ya que en 2009 se celebra de 50 edición del Trofeo que lleva su nombre y que el Pontevedra convirtió en su referencia cada pretemporada, tanto para el equipo como para la afición. Otros ilustres de aquel Sporting fueron Jonson y Hawtorne, así como Gil.

Con el tiempo surgen las rivalidades entre el equipo de la capital y los olívicos del Vigo y el Fortuna.

En su segunda campaña, la escuadra granate participó en la Serie A Regional. Se proclamó nuevamente campeón de grupo y obtuvo a posteriori, otra vez ante el Galicia de Ferrol, el título gallego de aficionados. En el sector nacional, cae en la primera eliminatoria contra el Sama de Langreo. Y eso que a punto estuvo de remontar el 5-1 adverso con el que regresó del Principado de Asturias. Le faltó un tanto.

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En la temporada 1943-1944, el equipo se estrena en categoría nacional. Una Tercera División en la que intervienen conjuntos del noroeste peninsular. La cuarta plaza obtenida al final del campeonato, se decoró con el título de la Copa Galicia. El Pontevedra contaba con una plantilla formada por doce delanteros, cinco medios, cinco defensas y tres porteros.

La primera experiencia en Tercera División había servido para despertar el interés y la ambición de unos aficionados que querían algo más que una buena clasificación liguera o los triunfos en las competiciones coperas.

La directiva, presidida en ese momento por Manuel García Lastra, hace un generoso esfuerzo para la época con la adquisición de algunos nuevos jugadores. El resultado fue decepcionante. Ni se alcanzó la fase de ascenso a Segunda División, ni se hizo buen papel en los torneos por eliminatorias.

El Trienio de Oro

En los siguientes tres ejercicios, el Pontevedra alcanzaría las fases de ascenso a la categoría de plata, aunque no logró alcanzar el éxito. Valladolid, Salamanca, Santander u Osasuna, se cruzaron en su camino. Al menos quedó el consuelo de los dos títulos de campeón, los primeros de nuestra historia en Tercera División.

El Club entró posteriormente en una etapa gris. Fueron cinco años de más penas que gloria. Desilusión, refuerzos deportivos sin rendimiento y el primer déficit de la historia (250.000 pesetas del año 1950).

El repunte ofrecido en la campaña 1954-1955 resultó un espejismo. Segundo en la Liga, el Pontevedra disputó su cuarta fase de ascenso a Segunda. Tampoco hubo premio esta vez.

Al año siguiente, por culpa de una reestructuración, el equipo se vio obligado a jugar la promoción por la permanencia. Salvó el cuello, pero no evitó doce meses más tarde caer en la categoría regional.

Ascenso en “La Puentecilla”

La Regional Preferente no era el lugar natural para el Pontevedra. Primer puesto y ascenso. Parecía como si hubiera dado un paso atrás para coger impulso, pues tras un año de espera en Tercera División, llegó el ansiado salto a Segunda. Los pontevedreses inician el año 1959 con 14 victorias consecutivas y se proclaman campeones a falta de disputarse la última cuarta parte del campeonato.

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La liguilla de ascenso fue apasionante. Su primer rival es el temible Caudal de Mieres, uno de los conjuntos más goleadores de la categoría y con la línea defensiva menos goleada de España. El empate sin goles registrado en Pasarón confirmaba los pronósticos. Sin embargo, la escuadra de la ciudad del Lérez apelaba a la casta en tierras asturianas y se mantenía viva con una nueva igualada (1-1). Por su brillante juego bien pudo haber ganado, pero tuvo que conformarse con forzar el desempate en un tercer partido. El lugar elegido fue El Sardinero. Y menos mal que un gol en propia puerta de un defensa asturiano en la prórroga decidió el pase del Pontevedra, ya que los dos equipos mostraron una mala imagen y un nulo acierto ante el marco rival.

Quedaba una eliminatoria más, con el Burgos como escollo. Un adversario que había dejado anteriormente en la cuneta al Arenas de Guecho y que se había clasificado para la liguilla en la última jornada de la liga regular, superando a los grandes favoritos de su grupo, el Salamanca y la Ponferradina. No obstante, la justicia hizo que los salmantinos acabaran ascendiendo tras vencer en las tres eliminatorias que les tocó disputar, la última frente a un conjunto de la categoría superior.

Pero volviendo al Pontevedra-Burgos, en Pasarón el resultado fue corto para los locales, a pesar del 3-1 que reflejó al final el marcador. Se adelantaron los burgaleses a los dos minutos de juego. Luego la máquina granate se puso a funcionar y Ferreiro le dio la vuelta al choque con dos tantos, para que Carballinés hiciera el tercero antes del descanso. Por desgracia, en el segundo tiempo faltó fortuna para dejar resuelta la papeleta.

En Burgos cambiaron las tornas. No estuvo nada fina la escuadra gallega. Perdió 2-0 y pudo acabar peor de no ser por la buena actuación del guardameta Estévez y la defensa. Al menos se forzó el partido de desempate, fijado para el 16 de junio de 1960 en un campo cuyo nombre ha perdurado imborrable en la memoria de todos los granates: La Puentecilla (León).

El ambiente estaba enrarecido por la agresividad mostrada por los seguidores castellanos en el partido anterior. Además, el escenario del tercer choque estaba claro que no era precisamente neutral, al menos en cuanto a distancia con las ciudades que se estaban jugando el ascenso. Sin embargo, estas circunstancias y otras no hicieron más que animar a los pontevedreses a echar el resto para animar a sus jugadores. Cándido Acuña Blanco fue el artífice de que se flotara un tren en el que viajara el grueso de la afición pontevedresa. Junto a otros medios de transporte, se consiguió superar las cuatro mil gargantas a favor de nuestros colores.

Los que no viajaron se pegaron a la radio y sufrieron en la distancia. No en vano, los 90 minutos finalizaron con empate sin goles. Y pudo continuar esa racha en la prórroga de no ser porque alguna extraña fuerza quiso dar por cerrado este capítulo. Al menos eso pudo parecer, pues el tanto que dio el ascenso al Pontevedra llegó en un lanzamiento de Guillermo desde “las antípodas”, al que no pudo responder el portero burgalés, quizás cegado por el sol, engañado por el viento o agarrotado por el sorpresivo y lejanísimo disparo.

En esta misma temporada nace el Trofeo Luis Otero, que gana el Club Deportivo Orense tras dos partidos ante los granates (2-2 y 1-0). Por tanto, los “rojillos” fueron los primeros vencedores de este trofeo que en 2009 celebró sus bodas de oro, al cumplir su 50 edición.

En la actualidad el PCF milita en el Grupo I de la Segunda División B.